“The Art of Sarah”1 es un elegante y elaborado thriller protagonizado por la excelente Shin Hye-sun (“The Hymn of Death”, 2018; “Still 17”, 2018; “Angel’s Last Mission: Love”, 2019; “Mr. Queen”, 2020-2021; “See You in My 19th Life”, 2023; “Welcome to Samdal-ri”, 2023-2024) y el apuesto Lee Joon-hyuk (“Stranger“, 2017-2020; “A Poem a Day”, 2018; “Designated Survivor: 60 Days”, 2019; “365: Repeat the Year”, 2020; “Vigilante”, 2023; “Love Scout”, 2025). He de reconocer que no soy un fan incondicional de Shin Hye-sun, pero quizás por ello mi valoración probablemente sea más objetiva: su trabajo en esta serie, dando vida a un personaje muy distinto a la mayoría de sus papeles previos, generalmente más dulces e inocentes2, es sencillamente brillante.

La trama gira en torno a la supuesta muerte de Sarah Kim (Shin Hye-sun), una estafadora que consiguió engañar a las élites de Corea del Sur al pretender ser la directora regional de Boudoir, una marca de moda femenina de lujo, a la que presuntamente solo habían tenido acceso la altas esferas de la sociedad británica durante el último siglo3. En concreto, la historia arranca con la aparición de un cadáver, con el rostro completamente desfigurado y una distintivo tatuaje en el tobillo, debajo de una alcantarilla en un exclusivo distrito de Seúl. El caso es asignado al detective Park Mu-gyeong (Lee Joon-hyuk), jefe de equipo de la unidad de crímenes violentos de la policía metropolitana de Seúl. Pero el perspicaz Park Mu-gyeong pronto descubre que no existen registros personales sobre la misteriosa Sarah Kim, a la que todos tomaban por una adinerada mujer con doble nacionalidad, surcoreana y americana, que había cursado estudios superiores en la Universidad de Oxford. Así, según avanza la investigación, averigua que esta ha vivido bajo múltiples identidades, desde su humildes orígenes como Mok Ga-hui, vendedora en unos grandes almacenes en los que atendía a clientes de clase social alta, hasta Kim Eun-jae, casada por contrato con un poderoso usurero que padecía insuficiencia renal para así poder donarle un riñón4, pasando por Du-a, una empleada de un bar para hombres (bar hostess5). Y, a medida que Park Mu-gyeong y los espectadores, mediante una hábil sucesión de flashbacks, descubren este complejo pasado, crecen los interrogantes sobre quién es la verdadera víctima del macabro asesinato.

Según palabras de su director, Kim Jin-min (“Lawless Lawyer”, 2018; “Extracurricular”, 2020; “My Name”, 2021), se trata de una serie de misterio “dual”, puesto que los espectadores descubren progresivamente la verdadera identidad de la protagonista a la vez que se plantean quién es el asesino y sus motivaciones. Por ello la estructura argumental consta de dos líneas temporales distintas: mientras que la de Sarah Kim va hacia atrás para revelarnos su pasado, la de Park Mu-gyeong va hacia adelante para resolver el crimen. Además, el propósito del director, a través de los cambios en el vestuario, el maquillaje y la apariencia de Sarah Kim y la magnífica actuación de Shin Hye-sun, es mostrar la evolución psicológica y emocional de un personaje complejo, con múltiples caras, a medida que progresa la historia. El trabajo de Shin Hye-sun no era en absoluto fácil, dado que tenía que interpretar diversas personalidades, con diferentes maneras de hablar y expresiones faciales y, a la vez, mantener la coherencia entre todas ellas, dado que correspondían a la misma persona: Sarah Kim / Mok Ga-hui / Du-a / Kim Eun-jae. Tampoco se trata de la típica estafadora, motivada únicamente por la codicia y el deseo material, puesto que sus cambios de identidad constituyen una huida hacia delante, una forma de sobrevivir, aunque el coste sea una existencia vacía.

“The Art of Sarah”, además, si bien es un thriller realmente bien hecho, también supone una crítica velada a la obsesión por los artículos de lujo (personalmente nunca he entendido cómo se pueden pagar miles de euros por un bolso o unos zapatos, que poco difieren en la tecnología con la que se producen de objetos similares que valen una décima parte)6 y a su adquisición como modo de mostrar un determinado estatus social. Como dice la protagonista en varias ocasiones: “si no consigues distinguir entre el original y la imitación, ¿es esta verdaderamente falsa?”. Asimismo, se trata de una obra con una estética exquisita y un alto valor de producción, tan pulida y refinada como las prendas de vestir y joyas que lucen o ambicionan los diversos personajes. Tanto por temática como por estilo me recuerda mucho a “Anna” (2022), uno de mis k-dramas preferidos y sin duda el mejor trabajo de Bae Suzy hasta la fecha, a pesar de que muchos lo desconozcan por no estar disponible en Netflix. Dejo al espectador que decida disfrutar de los 8 episodios de esta magnífica serie la interpretación de su enigmática fase final.
Tráiler 1 (subtítulos en castellano):
Tráiler 2 (subtítulos en castellano):
Disponible en Netflix
1 Tanto su título en inglés como en castellano (“El arte de Sarah”) poco tienen que ver con su título original en coreano, 레이디 두아, transcrito al alfabeto occidental como Reidi Dua, cuya traducción sería “Señora Dua”. Dua es uno de los cuatro nombres, e identidades, del personaje protagonista.
2 Una de las excepciones en su filmografía es su participación en la primera temporada de la magnífica “Stranger“ (2017-2020), en la que justamente coincidió con el coprotagonista de la serie a la que hoy dedicamos la entrada, Lee Joon-hyuk.
3 De hecho, la historia podría estar inspirada en un fraude real que ocurrió en Corea del Sur en 2006, relacionado con una marca de supuestos relojes de lujo, falsamente presentados como suizos. En concreto, un hombre de negocios surcoreano-estadounidense, Lee Dong-jin, también conocido como Phillip Lee, promocionó los relojes como exclusivos, asegurando que habían sido adquiridos por figuras de la realeza europea tales como la reina Isabel II de Inglaterra, la princesa Diana de Gales y la princesa Grace de Mónaco. Para más información pueden consultarse los siguientes vínculos, en castellano y en inglés.
4 A cambio de unos 500 millones de wones, ¡cifra que no llega a los 300.000 euros! Espero nunca tener que vender un riñón pero, en caso de tener que hacerlo, entiendo que le pondré un precio sustancialmente más alto.
5 Básicamente, una mujer que entretiene a clientes masculinos y bebe con ellos, a veces también prestando servicios sexuales.
6 Además, según un informe del banco de inversión Morgan Stanley, el gasto en artículos de lujo per cápita en Corea del Sur es uno de los más altos del mundo, superando con creces a Estados Unidos y a China.
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