Es probable que a algunos lectores, si se les preguntara por una (casi) imposible historia de amor que abarca varias décadas y que incluye la pérdida de memoria de uno de los protagonistas, les viniera a la mente la meliflua “The Notebook” (2004) —traducida para los hispanoparlantes como “El diario de Noah”, no vaya a ser que el título original nos parezca un tanto escaso—, protagonizada por los (excelentes) actores Ryan Gosling y Rachel McAdams y basada en la novela del rey Midas de la ñoñería, Nicholas Sparks. No pasa nada ni nadie ha de avergonzarse, dado que todos tenemos un pasado cinematográfico marcado por el poder económico de Hollywood, para lo bueno y para lo malo. No obstante, dado que el propósito de este blog es descubrir al gran público películas y series en cuya promoción no se han invertido millones de dólares sin tampoco obligarles, pistola en mano, a que vayan a ver alguna intragable obra solo apta para gafapastas, la entrada de esta semana está dedicada aFirst Love” (2022), una deliciosa y bellísima serie japonesa que, gracias a Netflix, podemos disfrutar desde el sofá de nuestra casa.

Dirigida y escrita por Yuri Kanchiku1, “First Love” (2022) relata, de manera exquisita y sutil, una conmovedora historia de amor, olvido y recuerdo que comienza a finales de la década de los 90 del siglo pasado y llega hasta nuestros días (recomiendo encarecidamente tener una caja de Kleenex a mano durante su visionado). Su creadora se inspiró en dos canciones de la exitosa cantante japonesa-estadounidense Hikaru Utada2, “First LoveyHatsukoi(palabra japonesa que significa “primer amor”)3, que constituyen la banda sonora de la serie y a la que su guion hace claros e inteligentes guiños. Sus personajes principales son dos, Yae Noguchi (interpretada por las actrices Hikari Mitsushima y Rikako Yagi en sus versiones adulta y adolescente, respectivamente) y Harumichi Namiki (papel al que dan vida los actores Takeru Satoh y Taisei Kido), cuya emotiva historia se narra en dos líneas temporales paralelas que se van intercalando mediante diversos raccontos.

En el año 2018 y en la ciudad de Sapporo, la serie nos presenta a Yae Noguchi (Hikari Mitsushima), una taxista divorciada que solo ve una vez a la semana a su hijo Tsuzuru, un adolescente introvertido y sensible que aspira a ser compositor de música y que vive con su padre, un prestigioso neurocirujano, a pesar de estar mucho más unido a su madre que a este, un hombre demasiado frío y serio. Se trata de una mujer humilde que parece pedir poco a la vida, si bien lamenta no haber podido viajar de joven su sueño era ser azafata de vuelo y haber cedido la custodia de su hijo a su exmarido para que este pudiera tener acceso a una mejor educación y recursos materiales. Por su parte, también en Sapporo, Harumichi Namiki (Takeru Satoh) trabaja como guarda de seguridad en un edificio de oficinas. Si bien durante años fue piloto en las fuerzas aéreas japonesas, donde conoció a su prometida, Tsunemi, una lesión de espalda le hizo abandonar la carrera militar. A pesar de llevar años viviendo con Tsunemi y estar preparando su boda, ciertas señales hacen sospechar a su hermana menor Yu, una mujer sorda, casada con su mujer amigo de la adolescencia y con la que siempre ha tenido una relación muy estrecha, que Harumichi no ha conseguido olvidar a su primer amor, Yae. Y un día, tras cenar con su hermana y su sobrina, Harumichi coge un taxi y, perplejo, ve a Yae conduciendo otro, pero ella no parece darse cuenta.

En la otra línea temporal, la narración nos retrotrae a 1998 y a una pequeña localidad en la isla de Hokkaidō, cuando Yae y Harumichi asisten al mismo instituto. Yae es una chica bastante popular, a pesar de su timidez, mientras que Harumichi, un chaval travieso con cara de pillo y una sonrisa cautivadora qué gran trabajo hace Taisei Kido, con apenas 15 añosestá en secreto enamorado de ella. Un día, tras rechazar al enésimo chico que le pide salir, Yae le pregunta a Harumichi cuál es su plato de comida favorito, a lo que este responde, sorprendido, que son los Espaguetis Napolitan. Pero, tras descubrir por su familia que dicha pregunta era una forma de confesar discretamente sus sentimientos, Harumichi se apresura a preguntarle lo mismo a Yae y, en medio de una cinematográfica ventisca de nieve, los dos adolescentes se abrazan y comienzan una tierna y bella relación. Pero, tras unos años de gran felicidad, disfrutando del primer amor, llega 2001 y, con este, dos contratiempos, uno bastante común entre chicos de esa edad y otro mucho más impredecible, con trágicas consecuencias. Tras el fin de la secundaria, Yae se muda a estudiar a Tokio, mientras que Harumichi se enlista en el ejército para llegar a ser, algún día, piloto de combate. A pesar de la distancia, la pareja mantiene contacto a menudo y, aprovechando un permiso, Harumichi visita a Yae en Tokio. Allí todo se tuerce cuando dos compañeros de universidad de Yae se burlan y critican a Harumichi por estar formándose en el ejército nada como ser estudiante, pacifista y gilipollas, espero haber sido solo dos de esas tres cosasy, además, le revelan que su novia tiene pensado ir a Canadá como estudiante de intercambio, antes de que Yae pueda decírselo ella misma. Harumichi, furioso por la recepción hostil y por saber de los planes de Yae por medio de otros, se marcha rápidamente del lugar. Y, cuando ya más tranquilo, llama a Yae para disculparse por su comportamiento, descubre que esta ha sido atropellada por un coche. Días más tarde, en el hospital, Yae despierta completamente desconcertada y los médicos explican a su madre que sufre amnesia retrógrada como consecuencia del accidente, habiendo perdido todos los recuerdos de sus últimos años, incluidos los relacionados con Harumichi, al que no reconoce.

Habrá lectores que, tras estas últimas líneas, se digan a sí mismos algo así como “¡vaya culebrón!”. Sin desmerecer el componente melodramático de la serie, suelo responder a afirmaciones de este estilo con una pregunta: ¿qué diferencia a Ana Karenina de un vulgar folletín decimonónico? Principalmente, lo bien que está escrita la primera. Algo similar ocurre con “First Love”, además de, hábilmente, alejarse del tópico de los star-crossed lovers4, al tratar también otros tipos de amor, como el de Yae a su hijo Tsunemi o el de Harumichi a su hermana Yu (el discurso de este durante su boda, al mismo tiempo en japonés y lengua de signos, es sin duda una de las escenas más bellas que he podido presenciar en los últimos años). Durante sus nueve episodios el espectador descubrirá, progresivamente, las vidas paralelas de Yu y Harumichi, desde que se separaran en 2001 y no volvieran a cruzarse hasta 2018, con sus momentos de felicidad y de miseria, preguntándose, por supuesto, si Yu podrá recordar, algún día, a su primer amor, para disfrutar juntos de una segunda oportunidad (tema fascinante y universal, como evidencian obras tales como “El mismo amor, la misma lluvia” o “El secreto de sus ojos”). Pero todos estos sucesos y sentimientos están narrados con exquisita delicadeza y contención (quizás demasiada para algunos, como el crítico Phil Harrison en The Guardian5, que llega a tachar la serie de “antiséptica”). A ello contribuyen, sin lugar a dudas, las notables interpretaciones de sus actores protagonistas (además de la ya mencionada de Taisei Kido, me quedo con la de Hikari Mitsushima por la dificultad de su papel, una mujer que, sin saberlo, vuelve a enamorarse de la misma persona 17 años después, y que transmite estar experimentando una constante sensación de déjà vu).

Otro aspecto a destacar es su cuidada y pulida estética, en la que destaca un trabajo de fotografía espléndido, que refleja el gusto de la directora Yuri Kanchiku por las luces y la composición en el entorno urbano, especialmente de noche, y que también explota paisajes naturales que invitan a comprar inmediatamente un billete de avión con destino a Japón (y a otro país que no puedo mencionar para evitar espóilers). Y, por supuesto, otro gran acierto es la selección de las canciones en las que se inspira la serie. Yuri Kanchiku es, al igual que la cantante Hikaru Utada y el que suscribe, una “niña de los 80” nacidas en 1982 y 1983, respectivamente. El primer tema, First Lovede cuyo álbum homónimo se vendieron más de 10 millones de copias en todo el mundosalió a la venta en 1999, cuando la intérprete apenas tenía 16 años, y expresa la inocencia del primer amor adolescente, haciéndolo idóneo para ambientar el principio de la relación entre Yae y Harumichi (que, no por casualidad, comienza en 1999), hasta el punto de que su primer beso ocurre mientras escuchan juntos dicha canción. Por el contrario, Hatsukoiy su disco homónimo, que fueron lanzados en 2018, cuando la cantante tenía 35 años, se caracteriza por un estilo más sobrio y maduro, que transmite la nostalgia de alguien que, si bien nunca podrá olvidar a su primer amor, cuenta ya con una amplia trayectoria vital, como es el caso de los protagonistas cuando se reencuentran en dicho año. Para el lector interesado y cuyo japonés sea tan nefasto como el mío, dejo al final de esta reseña vínculos a las dos composiciones, con sus respectivas letras traducidas al castellano. Por todas estas razones, considero que “First Love” es una de las mejores series asiáticas de los últimos años y recomiendo su visionado a todo buen amante del género romántico que quiera apreciar un producto más auténtico y menos edulcorado que las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Nicholas Sparks.

Tráiler (subtítulos en castellano):

Tráiler (subtítulos en inglés):

Disponible en Netflix

First Love” de Hikaru Utada (letra en castellano):

Hatsukoide Hikaru Utada (letra en castellano):

1 La filmografía de Yuri Kanchiku es un tanto variopinta, incluyendo dos documentales sobre el grupo japonés de chicas AKB48, a pesar de que su debut cinematográfico, “My Rainy Days” (2009), pronto adquirió el estatus de película de culto. No obstante, la vida a veces brinda segundas oportunidades, que en el caso de la directora fue justamente una historia sobre ellas, la serie a la que hoy dedicamos esta entrada.

2 Aunque en japonés, al igual que en coreano, el apellido antecede al nombre por lo que deberíamos referirnos a la cantante Utada Hikaru—, en esta reseña se adopta, por sencillez expositiva, el orden occidental, lo que en el caso de la citada intérprete también se justifica por su doble nacionalidad. Además, si bien mi conocimiento del coreano es limitado, el del japonés es nulo.

3 De hecho, el título original de la serie es “First Love 初恋”, transcrito al alfabeto occidental como “First Love Hatsukoi”.

4 Término acuñado del “Romeo and Juliet” de Shakespeare para describir relaciones de amor donde fuerzas externas las imposibilitan y abocan a un final trágico.

5 “It’s tasteful, idealised and at times, a little antiseptic: romance as designed by Marie Kondo.”

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