Por discos redondos no nos referimos a la forma que tienen los álbumes editados en vinilo o en CD que, como no podía ser de otra manera, tienen forma redonda. Nos estamos refiriendo a los discos que desde el primer tema al último mantienen una calidad artística sobresaliente. Debemos tener en cuenta que en los comienzos de la edición de la música en vinilo la cara A solía contener los mejores temas y la cara B estaba compuesta por temas de menor calidad o incluso canciones que eran claramente de relleno. Por suerte hay casos en que esta máxima no se cumple. Algunos de estos discos pueden ser “Sticky Fingers” (1971) de The Rolling Stones1, “London Calling” (1979) de The Clash o, el que para mí es el disco más redondo que existe, “The Dark Side Of The Moon” (1973) de Pink Floyd.
Para esta entrada hemos seleccionado 3 discos que cumplen todos los requisitos para ser considerados como redondos. Los autores de estos discos mantienen una relación entre sí que veremos a continuación, más allá de que sean considerados las obras cumbre de sus respectivos artistas.
Portishead – “Dummy” (1994).

El primero de los álbumes de esta selección es el debut de Portishead, “Dummy” (1994). La banda se formó en principio con Geoff Barrow (músico multi instrumentalista) y la increíble voz y personalidad de Beth Gibbons. A ellos se les uniría en la grabación de “Dummy” como tercer miembro de la banda Adrian Utley como guitarrista y bajista. Portishead se formó en 1991 en Bristol (Reino Unido) bajo la influencia de un nuevo género surgido en esta ciudad del sudoeste de Inglaterra de la mano de Massive Attack2, quienes idearon un nuevo estilo denominado como trip-hop3. El propio Geoff Barrow participó en la grabación del primer disco de Massive Attack (incluso se cuenta que le cedieron horas de estudio durante la grabación del disco para que pudiera experimentar con sus ideas). A partir de aquí Geoff Barrow se juntaría con Beth Gibbons para ir desarrollando el embrión de lo que unos años más tarde se materializaría en Portishead.
El sonido de Portishead se basaría en la fusión de samples y otros instrumentos utilizados en otros géneros como el scratch con platos de vinilo tan típico del hip hop, sintetizadores, instrumentos acústicos más propios del rock como la batería, bajo o guitarra eléctrica, e incluso utilizarían el theremin4 en sus composiciones. El resultado de todo este batiburrillo de estilos e instrumentos es una música ambiental y minimalista, con una personalidad muy marcada. En el caso de Portishead, sobre todo está marcado por la voz de Beth Gibbons, aportando todo lo necesario según el tema, ya sea melancolía a alegría, según lo requiera la canción.
Otra de las características que hacen a “Dummy” una obra maestra es la utilización de vinilos en mal estado para los samples, de forma que se puede apreciar la degradación del sonido. Cuando fueron al estudio a registrar los 11 temas que conforman el álbum (aunque fueron 10 en la edición de Reino Unido), utilizaron discos nuevos pero ellos mismos se dedicaron a deteriorar los vinilos arrastrándolos por el suelo para obtener ese sonido de desgaste que tanto apreciamos muchas veces los amantes del vinilo. El sonido global de “Dummy” es más oscuro que la música que les había inspirado, diferenciándose un poco del sonido marcado por Massive Attack para el nuevo género. El álbum se lanzaría en 1994, utilizando como singles los temas “Sour Times” y “Glory Box”, pero su tema más reconocido y celebrado entre sus seguidores fue “Roads”5. A pesar de no haber tenido una campaña publicitaria tras el lanzamiento al mercado del álbum, este fue un éxito a ambos lados del Atlántico, y a día de hoy se contabilizan más de 4 millones de copias vendidas. La revista Q describió a “Dummy” como “quizás el álbum debut más impresionante del año” y proclamó que “la voz frágil y de gorrión herido de Gibbons y el dominio de Barrow de los ritmos soul y hip hop sensibles al jazz y el arte casi olvidado del scratching son una combinación fascinante”.
En 1998 grabarían un disco en directo titulado “Roseland NYC Live” donde interpretarían canciones de sus dos primeros discos. El directo quedaría registrado en video, donde aparte de mostrar la fusión entre instrumentos electrónicos y acústicos, se les uniría la orquesta filarmónica de Nueva York, sustituyendo los samples utilizados para las secciones de cuerda por instrumentos clásicos reales, algo que por desgracia e innecesariamente otras bandas como Metallica harían años más tarde en su disco “S&M” (1999), aportando la nada más absoluta (como siempre, por otro lado, cuando se habla de la banda de San Francisco). Teniendo en cuenta que aquella primera mitad de la década de los 90 estaba dominada por un lado por el grunge venido desde la fría Seattle con los ignominiosos Nirvana a la cabeza y, por otro lado, el denominado brit-pop capitaneados por los no menos ignominiosos Oasis – ahora otra vez en el candelero por los próximos conciertos que ofrecerán en 2025 en Reino Unido para recaudar dinero para sus vicios, como suele ocurrir con las bandas mediocres que se separan y luego no son capaces de hacer nada constructivo con sus vidas- fue una agradable sorpresa que surgiera algo fresco y novedoso, sobre todo teniendo en cuenta que Oasis fue una burda y mala copia de The Beatles. Todo esto llevaría a “Dummy” a ser galardonado con el premio Mercury6 en 1995. En la disputa por dicho premio se encontraban artistas como Tricky (otro referente dentro del trip-hop y también oriundo de Bristol), Van Morrison (una auténtica leyenda de la música), los sobrevalorados Oasis, o PJ Harvey. Y, hablando de esta última, pasamos al segundo de los elegidos para esta entrada de discos redondos.
Roads – Roseland NYC live
Dummy
PJ Harvey – “Stories From The City, Stories From The Sea” (2000)

El quinto álbum de PJ Harvey se convertiría en su trabajo de estudio más aclamado de su carrera. Curiosamente es el disco con el sonido más convencional de toda ella. Hay que tener en cuenta que cada disco de Harvey es una reinvención respecto al anterior, de manera que no se puede establecer una coherencia sonora a lo largo de todos sus álbumes, al contrario que se pueda hacer con otras bandas como, por ejemplo, AC/DC, que siempre han sido acusados de que todos los discos suenan idénticos (no creo que ambos fenómenos se puedan calificar como malos, aunque hay demasiada gente que dirá palabras negativas sobre cada uno de ellos).
Si nos vamos a los orígenes de PJ Harvey donde sus dos primeros álbumes, “Dry” (1992) y “Rid of Me” (1993), son obras maestras del rock independiente que tan de moda estuvo en los 90, poco tienen que ver a nivel sonoro con “Stories From The City, Stories From The Sea”. Estos dos primeros álbumes tenían un sonido crudo y una actitud muy roquera, solo hay que ver la interpretación del tema “Rid Of Me” en el festival de Benicassim en 2001, donde la intreprete sola y su guitarra es capaz de enloquecer al público (sin parafernalias de llevar una corte entera de bailarines y juegos de luces como hace Taylor Swift en sus espectáculos tan sobrevalorados; cuando tienes lo que hay que tener para dedicarte a esto no te hacen falta más añadidos por mucho que nos los quiera vender la industria musical actual, y sí, con esto afirmo que la norteamericana es una auténtica basura desde un punto estricto musical7).
Volviendo a “Stories From The City, Stories From The Sea”, es un compendio de canciones de amor relacionadas con el afecto de PJ por la ciudad de Nueva York. Con un sonido que la mayoría de críticos calificarían de pop-rock (término en el que nunca estaré de acuerdo, el pop y el rock son como el agua y el aceite, nunca podrán ir mezclados, o es pop o es rock, y esto no se debe tomar en cuenta como algo peyorativo al pop, algo muy típico entre los oyentes más radicales del rock). El disco está compuesto de 12 temazos a cada cual mejor, donde en su mayoría hay referencias explícitas a la ciudad de Nueva York como, por ejemplo, el tema “Good Fortune”, donde prácticamente se hace un tour por sus calles desde Chinatown a Little Italy, o las referencia al Empire State Building o Brooklyn en “You Said Something” (mi tema predilecto del disco). Para la grabación del mismo contaría con la colaboración de Thom Yorke (cantante de Radiohead) en los temas “Beautiful Feeling” y “This Mess We’re In”.
Resulta curioso que a lo largo de todo el disco no hace presencia una clara guitarra solista, algo muy característico en cualquier disco de rock, dando una predominancia a la melodía y al conjunto de la banda. La verdad es que cuando escuchas el disco no se echa de menos ninguna guitarra haciendo solos8. El álbum recibió el premio Mercury en el año 20019, obteniendo así por fin este galardón que se le resistía a PJ Harvey desde el comienzo de su carrera (fue finalista en 1993 con “Rid of Me” y en 1995 con “To Bring You My Love”). Años más tarde, concretamente en 2011, volvería a repetir con “Let England Shake”, convirtiéndose así en la única artista que lo ha recibido en dos ocasiones. Tal es la repercusión del disco que en 2019 el diario The Guardian lo ubicó en el puesto 19 en su lista de los 100 mejores álbumes del siglo XXI. Ahora, para acabar la entrada, pasaremos a la denominada “PJ Harvey vasca” y su obra maestra “Zebra”.
Rid Of Me – FIB 2001
Stories From The City, Stories From The Sea
Anari – “Zebra” (2005)

Anari es el nombre artístico de Ana Rita Alberdi, cantante y compositora nacida en Azcoitia (Guipúzcoa). Por derecho propio está incluida en la lista de los mejores compositores en lengua vasca de la historia, compartiendo este honor con otros grandes de la música vasca como Ruper Ordorika o Joseba Sarrionandia10 (este último, a pesar de no ser músico, es considerado el padre de toda la música vasca gracias a sus trabajos de poesía, ensayo y narrativa en euskera). “Zebra” es el tercer disco de la guipuzcoana. En él, como en la mayoría de sus trabajos, destaca la narrativa donde la naturaleza es la mayor protagonista, utilizando muchas veces las metáforas, como en el tema “Sustraiak” (Raíces en castellano) : “Ba omen itsaso azpian zuhaitzik, / batetik bestera, inon errotu barik. / Desertuan, berriz, lurrari baino, / ortziari gehiago eusten dionik” (“Sabes que en lo profundo del océano / hay árboles nómadas vagando, / y en el desierto hay árboles / que se agarran más al cielo que a la tierra”. Para poder apreciar la superlativa calidad de sus letras hay que conocer el euskera (o encontrar la traducción, pero como dirían en Star Trek, ¡no es lo mismo si no es en el Klingon original!).
El disco está compuesto por 10 temas donde la sonoridad de los mismos es más bien oscura y lúgubre, incluso con una sensación de opresión en algunos pasajes. Se le puede calificar como rock, donde cada arreglo está medido, destacando el buen gusto a la hora de incluirlos. La banda que la acompaña en este disco borda con creces la atmósfera necesaria para acompañar a los textos, no sería natural utilizar otra clase de música para unas composiciones tan tristes y crudas. Del álbum es muy complicado destacar varios temas sobre otros, ya que todos son sobresalientes (de lo contrario no estaría aquí hablando de este discazo) pero, como opinión personal, destacaría “Zebra” y el tema que cierra el álbum, “Gu” (“Nosotros”), donde hace un resumen de todo lo narrado a lo largo de los 9 cortes anteriores. Al igual que ocurre con “Roads” the Portishead, tanto “Zebra” como “Gu” son capaces de ponerme los pelos de punta cada vez que los escucho. Como ocurre con muchos artistas y bandas vascas que emplean el euskera, no son muy conocidos fuera de las fronteras de Euskadi -cosa lógica por otra parte, si ya pasa en mucha gente que no es capaz de escuchar música en inglés porque no lo entienden como para decirles que oigan música en euskera. Es una pena que por este tipo de cuestiones gran parte del público se pierdan estas obras maestras, que ya quisieran componer petardas actuales que vomitan pseudomúsica como la ignominiosa Rosalía o cualquier artista actual encumbrada gracias a campañas de marketing y la ignorancia musical del gran público, que no le interesa la música como arte sino como un mero objeto de consumo instantáneo.
Zebra
Para finalizar este repaso de estos discos que considero imprescindibles para cualquiera que aprecie la buena música, os animo a que les deis una oportunidad porque son excelsos en todos los sentidos, cada uno dentro de su estilo. Muchas veces existe el debate de que la música de los últimos 30 años no está a la altura de la que se hizo antes de 1980, más aún teniendo en cuenta la debacle musical generalizada ocurrida en la década de los 80 pero, por suerte, siempre hay buenas composiciones y discos, tan solo hay que rascar más allá de la superficie que nos quiere mostrar la industria musical actual, donde solo prima el éxito inmediato en contra de la calidad artística. Al fin y al cabo, como toda industria, solo busca maximizar el beneficio económico y es algo completamente legítimo por su parte pero, igualmente, es legítimo no denominar música a los discos que produce en su mayoría y llamarlos productos comerciales con un valor artístico próximo al cero más absoluto.
1 Aparte de ser considerado como el mejor álbum de los Stones, en 2017 editaron un directo titulado “Sticky Fingers Live At The Fonda Theatre” donde interpretaron íntegramente el disco en directo, hecho poco habitual entre las bandas y más aún en grupos como los Stones con más de 60 años a sus espaldas.
2 Massive Attack son los padres fundadores del trip-hop con su primer álbum “Blue Lines” (1991). Como curiosidad, uno de los miembros de Massive Attack, Robert Del Naja, es considerado por muchos rumores como la identidad del famoso artista callejero Banksy.
3 El trip-hop se caracteriza por ser un género de música electrónica donde destacan sus similitudes con la música ambiente, sus raíces en el hip hop y el acid jazz, aunque también comparte similitudes con el R&B, dub y house.
4 El theremin es considerado el primer instrumento electrónico de la historia. Creado en 1920 por el físico ruso León Theremin. Es el único instrumento que se “toca” sin tener contacto físico con el mismo. Compuesto por dos antenas que generan un campo electromagnético, una se utiliza para el volumen y la otra para el tono. La ejecución del instrumento se basa en mover las manos sobre estos campos electromagnéticos generando interferencias sobre él, creando las variaciones de tono y volumen. Su popularización se dio en las películas de serie B hollywoodienses de la década de los 40 y 50. El que escribe estas líneas estuvo años utilizando el theremin en la banda donde tocaba hace ya más de 15 años, ¡puedo decir que es uno de los instrumentos más divertidos que puedan existir!
5 “Roads” es uno de esos temas que siempre que los escuchas es capaz de erizar la piel e incluso hacer que alguna lágrima se pueda escapar, al menos a mí me ocurre y, en mi caso, pocos temas son capaces de generarme estas sensaciones cada vez que los oigo.
6 Los premios Mercury se instauraron en 1992 y son concebidos por la Industria Fonográfica Británica. Se pueden catalogar como los premios Oscar de la música británica.
7 Este mismo año han nominado a Taylor Swift como la octava mejor guitarrista del siglo XXI. Y este es el nivel tanto de la industria como del público acrítico actual. No es que siga la carrera de Swift, pero por lo poco que he podido escuchar sus interpretaciones a la guitarra se basan en lo que entre guitarristas denominamos “acordes de iglesia”, o lo que es lo mismo, utilizar únicamente acordes básicos como si fueran las típicas canciones que acompañan a las liturgias en las iglesias. No sería exagerado si afirmara que puedo dar una lista de más de 100 guitarristas de la actualidad que tocan infinítamente mejor la guitarra que Taylor Swift. Para muestra una artista mencionada en este humilde blog, Samantha Fish
8 Mucha gente suele valorar las bandas de rock por los solos de los guitarristas solistas, algo que en mi opinión es un criterio muy erróneo. La guitarra solista es tan solo un recurso más, pero nunca la principal protagonista en cualquier tema de rock. Si una canción es lo suficientemente buena sin este recurso, ¿para qué incluirlo? Muchas veces se incluye para tapar las carencias del resto de la banda, y de nuevo volvemos a mencionar a Metallica. Sin los solos de guitarra (que tampoco es que sean una maravilla, Kirk Hammett siempre hace el mismo solo abusando de los mismos recursos técnicos y sonoros) su música sería más pobre de lo que por sí ya es.
9 PJ Harvey no pudo acudir a la ceremonia de entrega del premio Mercury que se celebró el 11 de septiembre de 2001. Harvey se encontraba ese día en Washington y fue testigo directo del ataque terrorista contra el Pentágono desde la habitación del hotel donde se hospedaba. No tuvo más remedio que aceptar el premio mediante una llamada telefónica.
10 Sarrionandia no le sonará a la mayoría del público pero tiene una de las canciones más conocidas y bailadas en su honor: nos referimos al celebre “Sarri, Sarri” de Kortatu. En la canción habla de la fuga de Sarrionandia de la cárcel de Martutene en el interior de unos altavoces tras un concierto celebrado en la mencionada prisión vasca, en la que se encontraba cumpliendo condena por pertenencia a ETA.
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