Hablar, a día de hoy, de Kim Go-eun (“Cheese in the Trap”, 2016; “Tune in for Love”, 2019; “The King: Eternal Monarch”, 2020; “Yumi’s Cells”, 2021-2022; “Little Women”, 2022; etc.) es hacerlo sobre una de las actrices surcoreanas más célebres e influyentes del momento. Pero ello no se debe a su evidente atractivo físico, dado que en la industria cinematográfica de Corea del Sur abundan los actores y actrices de belleza casi irreal, sino a su carisma y a sus formidables dotes interpretativas. A esto ha unido, en los últimos años, una enorme versatilidad, añadiendo a su filmografía títulos en los que se aleja de los papeles que la catapultaron al estrellato (¿a quién no cautivó su interpretación de una joven e inocente estudiante de la que un dios inmortal se enamora en “Goblin”, 2016-2017?), tales como la hipnótica chamana de la exitosa cinta de terror “Exhuma” (2024), por el cual recibió el premio a la mejor actriz en los Baeksang Arts Awards (los más prestigiosos galardones de la industria del entretenimiento de Corea). Este proceso de crecimiento artístico ha continuado con la serie a la que dedicamos esta entrada, el escalofriante thriller “The Price of Confession”1, cuya temática poco tiene que ver con la de su otro trabajo de 2025, la compleja y controvertida “You and Everything Else”, que también comentamos recientemente en este blog. No obstante, tras dejar clara mi predilección por Kim Go-eun, cometería una tremenda injusticia si no destacara también a la actriz coprotagonista, la excelente Jeon Do-yeon, primera intérprete surcoreana en recibir el premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes por su trabajo en “Secret Sunshine” (2007) y a la que muchos conocerán por obras más recientes tales como la comedia romántica “Crash Course in Romance” (2023) y el entretenido thriller de acción “Kill Boksoon” (2023).

La historia comienza cuando el marido de Ahn Yoon-soo (Jeon Do-yeon), un famoso pintor, es brutalmente asesinado, y esta, una profesora de arte que disfrutaba de una vida tranquila junto con él y la hija de los dos, se convierte en la principal sospechosa. A pesar de colaborar con la justicia, el hecho de intentar retomar su vida de manera relativamente normal y la investigación sesgada por parte del hábil fiscal Baek Dong-hun, que siempre cree firmemente en su culpabilidad, la llevan a ser condenada a cadena perpetua. El caso es tan mediático que su salida del juicio, tras la dura sentencia, es retransmitida por televisión. Así es como llega a conocimiento de Mo Eun (Kim Go-eun), una (aparente) psicópata que, en una escena que hiela la sangre, esboza progresivamente una sutil y perversa sonrisa en el salón de un lujoso chalet, “acompañada” de los cadáveres de un matrimonio de clase alta a los que envenenó y observó agonizar durante media hora antes de que llegara la policía y la arrestara, sin oponer resistencia alguna. Ese es el final del primer episodio y solo sabemos dos cosas con certeza: (i) qué gran actriz es Kim Go-eun; (ii) no tardaremos mucho en ver el segundo.

Encerrada en prisión, compartiendo celda con verdaderas delincuentes2 y sufriendo también la condena de la opinión pública, el calmo exterior de Ahn Yoon-soo empieza a resquebrajarse. Es entonces cuando conoce a Mo Eun, a la que las reclusas apodan “la bruja” por su misteriosa habilidad para leer los pensamientos y sentimientos de los demás. De manera inesperada, Mo Eun le ofrece lo que parece un trato imposible (pero nada es verdaderamente imposible cuando entra en juego la desesperación humana): ella confesará el asesinato del marido de Ahn Yoon-soo, de modo que su cadena perpetua será anulada y quedará libre, pero solo si esta comete, a cambio, un asesinato que Mo Eun no pudo llegar a perpetrar, el del hijo del matrimonio. Este es el “precio de la confesión” al que se refiere el título de la serie.

A partir de entonces, cuando Ahn Yoon-soo es liberada tras la confesión de Mo Eun (pero con una importante cuenta pendiente, o esta se retractará de dicha confesión), se produce un complejo y peligroso juego entre las dos mujeres, que albergan diversos secretos y motivos ocultos. Por un lado, Ahn Yoon-soo no es una asesina y no se cree capaz de matar a un ser humano, pero si no cumple su parte del trato volverá a la cárcel y perderá a su hija, aún una niña. Por otro, ¿por qué Mo Eun quiere la muerte del hijo del matrimonio? ¿Cometió este algún delito o sería una víctima inocente? ¿Es verdaderamente Mo Eun una fría psicópata que mató por capricho a una pareja de ricos o sus actos corresponden a algún tipo de plan o venganza? Mientras tanto, el fiscal Baek Dong-hun sigue investigando el caso, sospechando cada vez más que Ahn Yoon-soo y Mo Eun llegaron a algún tipo de pacto, aunque sin saber por qué, y siempre con la firme convicción de que Ahn Yoon-soo asesinó a su marido.

En este punto de la trama entran en escena otros dos personajes, de perfiles muy distintos, los letrados de las dos protagonistas. El abogado de Ahn Yoon-soo (que se encuentra en libertad vigilada mientras se revisa su caso debido a la inesperada confesión de Mo Eun), Jang Jung-gu, es un exboxeador y socio principal de un bufete poco conocido. Esto se debe a que Ahn Yoon-soo siguió el consejo de la astuta Mo Eun: contratar los servicios de un profesional de perfil bajo porque, ahora que la (voluble) opinión pública es extremadamente favorable hacia ella, considerándola víctima de una investigación negligente y sesgada que llegó a apartarla de su hija y estuvo a punto de arruinar su vida, es mejor no recurrir a los servicios de un abogado famoso, que le restaría protagonismo. No obstante, Jang Jung-gu es una persona bondadosa y honesta que posee una determinación única y luchará para probar la inocencia de su clienta, incluso cuando las sospechosas acciones de esta empiecen a confundirle. Por el contrario, el abogado de Mo Eun, Jin Young-in, es un reputado especialista en el mundo jurídico, prestigioso profesor de derecho y autor de diversos libros. Se distingue por su elegante modo de vestir y su apariencia agradable, que transmite confianza. ¿Por qué semejante estrella decide representar a una criminal que ha asesinado cruelmente a tres seres humanos? Supuestamente porque, gracias a la confesión de Mo Eun, una persona inocente, Ahn Yoon-soo, ha quedado en libertad, por lo que considera que representarla, de manera desinteresada, es una manera de ayudar a esclarecer toda la verdad y de contribuir a la sociedad (el lector que haya reparado en el “supuestamente” ya sospechará que puede esconder otras motivaciones menos filantrópicas, pero este no es lugar para espóilers).

A partir de entonces se suceden, como en todo thriller que se precie, diversos giros de guion, a la vez que se desvelan secretos que involucran a los protagonistas, especialmente a la enigmática Mo Eun, su vida pasada y la verdadera razón por la que asesinó al matrimonio y está decidida a matar al hijo de estos. De hecho, sin lugar a dudas, uno de los puntos fuertes de la serie reside en las diversas caras de este personaje que progresivamente se van mostrando al espectador, desde una fría psicópata y sádica asesina hasta una persona desesperada que, tras haberlo perdido todo, lo único que le queda es el deseo de venganza (no obstante, que quede claro que solo en unos pocos casos justifico el envenenamiento como forma de lograr un mundo mejor, piénsese en los señores Putin y Netanyahu y unos cuantos dictadores y genocidas más). A este respecto, el trabajo de Kim Go-eun interpretando a un personaje tan complejo de manera verosímil es tan brillante como esencial, dado que solo así la trama cobra sentido y no se trata del enésimo thriller en el que “los buenos” acaban siendo “los malos” y viceversa. Por el contrario, he de reconocer que el guion peca a veces de enrevesado y no me llega a convencer del todo. No obstante, dado que dos directores de prestigio, Lee Eung-bok (“Descendants of the Sun”, 2016; “Goblin”, 2016-2017; “Mr. Sunshine”, 2018; “Sweet Home”, 2020-2024) y Shim Na-yeon (“Beyond Evil”, 2021; “The Good Bad Mother”, 2023; “Good Boy”, 2025), así como las actrices Song Hye-kyo y Han So-hee (¡sobran las introducciones!) terminaron declinando el proyecto por discrepancias con el guionista, veo que no soy el único al que algunos aspectos de la trama le generan dudas3.

No obstante, la premisa de la serie, tratar una confesión como una moneda de cambio, a diferencia de la mayoría de dramas policíacos o legales, en los que la confesión es la admisión de culpa, generalmente consecuencia de una concienzuda investigación o un largo juicio, es sumamente original. Esto lleva a que la obra evite ciertos clichés del género, como meramente centrarse en la acusación y condena de una persona inocente (narrada en el primer episodio, antes de la escalofriante escena final) y convierta la trama en un continuo juego psicológico entre las dos protagonistas, que intentan manipularse mutuamente sin revelar sus verdaderas intenciones ni desvelar turbios secretos (el tema principal de los restantes once). En este contexto, la línea entre “víctima” (Ahn Yoon-soo) y “criminal” (Mo Eun) se va progresivamente difuminando, a la vez que el espectador comienza a cuestionar las verdades y certezas con las que arrancó la historia. Asimismo, las carencias del guion que antes hemos mencionado son compensadas, con creces, con las brillantes interpretaciones de las dos actrices protagonistas. Si bien Jeon Do-yeon cumple con solvencia la tarea de dar vida a una mujer (Ahn Yoon-soo) que, sumida en la desesperación y sacudida por la tragedia, decide “pactar con el diablo”, su personaje carece del carisma del soberbiamente interpretado por Kim Go-eun (Mo Eun). Este último es un ser camaleónico que, al inicio, se nos presenta como una cruel psicópata, pero que en realidad es un alma vacía que ha necesitado aprender a suprimir constantemente sus emociones para soportar un dolor extremo que, de lo contrario, le impediría llevar a cabo sus planes. Pero, por desgracia, insensibilizarse ante el sufrimiento propio y ajeno también conlleva perder gran parte de nuestra naturaleza humana. Ese es, frecuentemente, el alto precio de la venganza.
Tráiler 1 (subtítulos en castellano):
Tráiler 2 (subtítulos en castellano):
Disponible en Netflix
1 Tanto el título en inglés como en castellano, “El precio de una confesión”, son traducciones literales de su título original en coreano, 자백의 대가 (transcrito al alfabeto occidental como jabaegui daega), donde 자백 significa “confesión”, el sufijo “의”equivale a “de” y 대가 significa “precio” o “coste”. Si alguien se pregunta dónde se encuentran las palabras equivalentes a “el” y “una”, la respuesta es sencilla: ni los artículos definidos (el, la, los, las) ni los indefinidos (un, una, unos, unas) existen en coreano. Por el contrario, muchos otros aspectos de este idioma resultan muy complejos para los hispanohablantes y los angloparlantes, aunque en parte ese es el encanto de aprender una lengua tan distinta a la nuestra.
2 No obstante, algunas de ellas terminan resultando realmente entrañables, como el personaje al que da vida la magnífica actriz de reparto Kim Sun-young (“Vagabond”, 2019; “Crash Landing on You”; 2019-2020; “Concrete Utopia”, 2023; “Doona!”, 2023; “The Trauma Code: Heroes on Call”, 2025; etc.).
3 Finalmente el productor Jo Moon-joo y el director Lee Jung-hyo (“The Good Wife”, 2016; “Romance is a Bonus Book”, 2019; “Crash Landing on You”; 2019-2020; “Doona!”, 2023) retomaron el guion y reformaron los puntos problemáticos que habían provocado la reticencia de Song Hye-kyo y Han So-hee. ¡Qué difícil es trabajar con guionistas tozudos!
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