“Romantics Anonymous” es un delicado y encantador dorama (serie japonesa, análoga al k-drama surcoreano1), inspirado en la película francesa homónima, que gira en torno a tres elementos: las fobias sociales, el amor…y el chocolate. He de reconocer que se trata de mi primer acercamiento a los doramas, de lo que tiene la “culpa” la misma intérprete que propició mi adicción a los k-dramas, la soberbia actriz surcoreana Han Hyo-joo (“Spring Waltz”, 2006; “Ad-Lib Night”, 2006; “Brilliant Legacy”, 2009; “Heaven’s Postman”, 2009; “Dong Yi”, 2010; “Always”, 2011; “The Beauty Inside”, 2015; “W: Two Worlds Apart”, 2016; “Happiness”, 2021; “Moving”, 2023; “Blood Free”, 2024). De hecho, “Romantics Anonymous” es el tercer proyecto en japonés de Han Hyo-joo, tras las películas “Miracle: Devil Claus’ Love and Magic” (2014) y “The Sun Does Not Move” (2021): qué se va a hacer, la vida es así de injusta y, además de ser un prodigio de la interpretación, Han Hyo-joo habla con fluidez tanto japonés como inglés, lo que también le ha permitido trabajar en Estados Unidos (“Treadstone”, 2019). A ella se une, dando vida al principal personaje masculino, el experimentado actor Shun Oguri, así como la actriz coreano-japonesa Yuri Nakamura1 y el cantante, compositor y actor Jin Akanishi.

La serie narra el encuentro, tanto fortuito como afortunado, de dos personas solitarias debido a las incapacitantes fobias que padecen, producto de traumas de la infancia. Por un lado, Hana Lee (Han Hyo-joo), es una talentosa chocolatera que sufre escopofobia, que básicamente es el miedo intenso a ser observado, lo que genera gran ansiedad en ciertas circunstancias (por ejemplo, al realizar una presentación en público) y que, en el caso de Hana, le impide además mirar a los ojos a nadie desde que falleciera su madre. Por ello trabaja, bajo el pseudónimo de “la chocolatera anónima”, como chef para la bombonería de alta gama Le Sauveur, entregando los pedidos a primera hora de la mañana sin ser vista ni interaccionar con ninguno de sus empleados. Solo el dueño de la tienda y su mentor, Kenji Kuroiwa, conoce su verdadera identidad, mientras que el resto del personal tiene órdenes estrictas de no fisgonear. Por su parte, Sosuke Fujiwara (Shun Oguri) es un alto ejecutivo e hijo del presidente y fundador de una gran empresa de confitería, Futago Confectionery, que es conocida por sus chocolates baratos y de baja calidad, reputación que Sosuke quiere cambiar, pero que choca radicalmente con el modelo de negocio ideado por su padre. Pero Sosuke también tiene un miedo irracional, la germofobia, que le impide tocar o ser tocado por otras personas (incluso un gesto tan común en el mundo de los negocios como un simple apretón de manos) y le obliga a llevar consigo una maleta con camisas y trajes de repuesto a todas partes. Tras años de reticencias, finalmente decide buscar ayuda psicológica y contacta con una antigua compañera de universidad, ahora renombrada especialista, la Dra. Irene (Yuri Nakamura), una mujer atractiva y elegante (si bien también deberá afrontar sus propios demonios internos, pues los psicólogos también son personas) que en la primera consulta le dice algo así como “ahora entiendo por qué eras el único hombre de la universidad que no intentó acostarse conmigo, cuando pensaba que no eras más que un niño rico estirado”. Y lo mismo, tras un trágico evento, hará Hana, justamente acudiendo a la misma profesional (dado que la serie oscila entre la comedia romántica y el drama, esta es solo la primera de múltiples coincidencias, tan propias del género).

No obstante, los caminos de Sosuke y Hana se cruzan, por primera vez, en el entorno laboral, cuando la empresa del primero, Futago Confectionery, adquiere Le Sauveur y Sosuke se convierte en el mánager de la tienda, con el objeto de aprender de primera mano (valga la ironía) cómo se producen bombones de alta gama. En concreto, cuando Sosuke contacta por email con “la chocolatera anónima” para comunicarle que terminará el contrato con ella a menos que se identifique, dado que es política de la compañía conocer en profundidad a todos sus proveedores, Hana reúne todo su coraje y, aterrada, entra en la tienda, a plena luz del día. Pero, en un momento que oscila entre lo mágico y lo cómico, Hana se tropieza y acaba cayendo al suelo en los brazos de Sosuke, descubriendo ella que no tiene problema alguno para mirarle a los ojos y descubriendo él que puede tocarla sin sentir pánico ni ansiedad (la magia de esos resbalones tan comunes en las comedias románticas tiene una explicación psicológica, el llamado “efecto pratfall”).

Sin embargo, se trata de todo menos de un amor a primera vista (valga otra vez la ironía), dado que Hana está enamorada en secreto de Hiro Takada (Jin Akanishi), el apuesto dueño de un bar de copas que –he aquí la segunda coincidencia- resulta ser el mejor amigo de Sosuke. Lógicamente, dada su fobia, Hana nunca ha revelado su interés ni identidad a Hiro, con el que solo interactúa en entrenamientos de kendo gracias a que la máscara de dicho arte marcial la “protege” de ser observada o establecer contacto visual alguno. Y las cosas se complican, si cabe, un poco más, cuando descubrimos que el guapo Hiro y la atractiva Dra. Irene tuvieron una aventura (tercera coincidencia de la trama) que, aunque no devino en nada más serio por el miedo patológico de esta a las relaciones sentimentales, ninguno de los dos ha conseguido ni olvidar ni superar.

“Romantics Anonymous” narra, por tanto, una historia de amor que se desarrolla lentamente, a fuego lento (traducción literal y torpe del término anglosajón “slow burn”) entre dos personas tímidas e introvertidas como consecuencia de sus fobias. Su encanto no reside en grandes escenas donde los personajes tienen que tomar decisiones trascendentales, sino en pequeños momentos que comparten y que les van acercando poco a poco, a medida que descubren que cada uno es el refugio seguro del otro. La narración, deliberadamente pausada, que deja tiempo para que el espectador vaya conociendo a los cuatro personajes principales, incluyendo sus miedos e inseguridades, hace de la serie un producto tan delicado y exquisito como los bombones que degustan los clientes de Le Sauveur. Si a ello le añadimos un cuidado trabajo de fotografía, bellos decorados y paisajes dignos de Instagram y excelentes interpretaciones (si bien la de Han Hyo-joo la daba por descontada, no conocía al resto de actores), el resultado es una obra sensible, inteligente y rica en matices que deleita al espectador a los largo de sus 8 episodios.
Tráiler 1 (doblaje al castellano):
Tráiler 2 (subtítulos en inglés):
Tráiler 3 (subtítulos en inglés):
Disponible en Netflix
1 Para una introducción a las principales similitudes y diferencias entre los doramas y los k-dramas puede consultarse el siguiente vínculo.
2 Yuri Nakamura es su nombre artístico. De padre japonés y madre coreana, al igual que muchos otros asiáticos multiétnicos, tiene tanto un nombre japonés, Sei Yuri (成 友理), como uno coreano, Song Woori (성우리).
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